jueves, 25 de junio de 2009

Pasillo Ecuatoriano

En Ecuador recibió la influencia del “sanjuanito” y por ello el pasillo ecuatoriano es lento y quejumbroso. El pasillo ecuatoriano pasó al Perú.
Actualmente estamos seguros que nuestra música no está en riesgo de extinguirse, podemos reconocer un tipo de pasillo moderno, contemporáneo, por el cual se están incursionando varios talentos jóvenes.
Existen diferentes versiones sobre el origen y evolución del pasillo ecuatoriano, muchas de las cuales carecen de sustento histórico y musical. Algunos relacionan al pasillo con géneros musicales europeos, otros lo asocian con la música indígena. Entre los historiadoriadores, Gabriel Cevallos García considera al pasillo como una versión ecuatoriana del lied alemán, mientras que Hugo Toscano lo asocia con el carácter nostálgico del fado portugués. Todas estas versiones, ya sean de origen eurocentrista o indigenista, muestran el deseo de construir una identidad nacional "mestiza" que privilegie las raíces con las cuales queremos explicar nuestra procedencia, definir quiénes somos y de dónde venimos.
Desde una perspectiva difusionista, la versión más aceptada es la que asume que el pasillo se deriva del vals europeo, la música popular de la clase dominante, que fue introducido al actual territorio ecuatoriano desde Colombia y Venezuela.
Ecuador experimentó la popularidad del pasillo a principios del siglo XIX, y con el tiempo se convirtió en el símbolo musical de su nacionalismo; en nuestro país suele ser muy nostálgico y sentimental; en la segunda década del siglo XX se han introducido al pasillo poemas de escritores ecuatorianos y se idealizó a la mujer y al amor platónico.
Tuvo su máximo apogeo durante la vida del guayaquileño Julio Jaramillo, a quien se considera creador del pasillo rockolero.
El pasillo “vive” en los suburbios, en las cantinas, en los lugares donde está la clase ‘baja’, tiene la particularidad de vestirse de poncho o de frac, pero también se lo puede hallar en un estadio, en un coliseo o en lugar destinado para la llamada “alta cultura” como el Teatro Sucre de Quito o el Teatro Centro de Arte de Guayaquil.

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